Historia de la navaja de afeitar: del antiguo Egipto al regreso del afeitado tradicional
La navaja de afeitar tiene más de dos siglos con su forma actual, y antepasados de varios miles de años. Esta es su historia en 7 pasos: de las primeras hojas de bronce al acero de Sheffield, pasando por la maquinilla de seguridad, hasta el regreso del afeitado tradicional en las barberías de hoy.
La llamamos navaja de afeitar, navaja barbera o navaja clásica. Es el mismo objeto: una hoja que se pliega dentro de un mango, que se afila y se conserva durante años. Antes de usar una, o de regalarla, merece la pena saber de dónde viene. Su historia explica por qué casi desapareció y por qué vuelve con tanta fuerza. Te la contamos de forma sencilla, sin clase de historia aburrida.
01Antes de la hoja plegable: afeitarse en la Antigüedad
Las ganas de tener la cara despejada no son nuevas. Ya en el antiguo Egipto, hace más de 4.000 años, los hombres se afeitaban con hojas de cobre y después de bronce. Ir bien afeitado era una señal de limpieza y de rango social, y los sacerdotes se afeitaban incluso todo el cuerpo. Aquellas navajas parecían pequeñas hachas o medias lunas, sin mango articulado, y se sujetaban directamente con la mano.
Con los romanos, afeitarse se convirtió en una costumbre de ciudadano. Los barberos abrieron sus tiendas y la visita al barbero pasó a ser un momento social, un poco como hoy. Las hojas eran de hierro, no muy afiladas, y a menudo se afeitaba solo con agua, sin jabón. Se entiende mejor por qué la barba volvía a estar de moda en ciertas épocas: afeitarse dolía.
02La Edad Media: el barbero también saca muelas
En la Edad Media, la navaja era una herramienta de oficio. El barbero afeitaba y cortaba el pelo, pero también hacía sangrías, curaba heridas y sacaba muelas. Eran los barberos cirujanos. La navaja era entonces una hoja fija, a menudo de hierro forjado, que el propio barbero afilaba en una piedra.
Afeitarse en casa era raro. Hacían falta una hoja bien cuidada, buena mano y un espejo decente, tres cosas que costaban dinero. El afeitado seguía siendo un servicio que se buscaba en la ciudad, y una barba corta o un bigote resultaban más prácticos para la mayoría de la gente.
03El siglo XVIII: el acero lo cambia todo
El verdadero giro llega en el siglo XVIII. En Sheffield, Inglaterra, hacia 1740 se desarrolla el acero de crisol, mucho más homogéneo que los aceros anteriores. El resultado: hojas más finas, más duras, que conservan el filo. Es en esta época cuando la navaja adopta la forma que todavía conocemos: una hoja que gira y se pliega dentro del mango, para proteger el filo y los dedos.
Otras ciudades se convierten en capitales de la hoja: Solingen en Alemania y Thiers, en la Auvernia francesa, que fabrica cuchillos y navajas desde la Edad Media. Los mangos son de cuerno, hueso, marfil o madera. La navaja se convierte en un objeto personal que se guarda, que a veces se hereda y que se empieza a decorar.
04El siglo XIX: la edad de oro de la navaja
El siglo XIX es el siglo de la navaja barbera. Los cuchilleros perfeccionan el vaciado: los lados de la hoja se rebajan, lo que la hace más ligera, más flexible y mucho más fácil de afilar. Los barberos alineaban sus navajas de lunes a domingo para dejar descansar el acero entre dos afeitados, una costumbre que dio lugar a los famosos estuches de siete navajas.
Es también el siglo del afeitado en casa. Los hombres con recursos tienen su propia navaja, su brocha y su cuero de asentar, y el gesto se aprende de padre a hijo. En Francia la navaja recibe entonces su apodo, coupe choux, por un sable corto de infantería del mismo nombre. En Inglaterra la llaman simplemente cut throat, cortagargantas, lo que dice mucho del respeto que imponía la hoja.
05El siglo XX: la maquinilla de seguridad y la cuchilla desechable
A principios del siglo XX llega una novedad: la maquinilla de seguridad, con una pequeña cuchilla de doble filo que se tira cuando pierde el corte. Se patenta en 1904 y tiene un éxito enorme durante la Primera Guerra Mundial, cuando millones de soldados reciben una en su equipo. Ya no hace falta afilar ni hay riesgo de un corte profundo: la navaja pierde su monopolio en pocos años.
Después todo se acelera. La afeitadora eléctrica llega en los años 30, los cartuchos de varias hojas y las maquinillas desechables en los años 70. La navaja pasa a ser cosa de barberos y aficionados, y muchos cuchilleros cierran. Y sin embargo el objeto nunca desaparece: demasiado bonito, demasiado duradero y, sobre todo, demasiado agradable para quien sabe usarlo. Si buscas la comodidad de una sola hoja sin el aprendizaje de la navaja, una maquinilla de seguridad de madera de olivo grabada (89,99 €) es un buen punto intermedio.
06El regreso del afeitado tradicional
Desde hace unos quince años, el afeitado tradicional está de vuelta. Las barberías reabren en todas las ciudades, y el afeitado a navaja con toalla caliente vuelve a ser un ritual que uno se regala. En casa, cada vez más hombres recuperan la brocha, el jabón de afeitar y la hoja única, por tres razones sencillas.
Primero, la comodidad: una hoja bien afilada irrita menos que un cartucho de cinco hojas que tira del pelo. Segundo, el presupuesto y los residuos: una navaja se compra una vez, y en una maquinilla de seguridad cada cuchilla cuesta unos céntimos. Tercero, el placer del gesto: dedicar diez minutos por la mañana, sin pantallas, a hacer algo con las manos. Para montar tu equipo, lee nuestro artículo sobre el kit de afeitado tradicional.
07La navaja hoy: un objeto que se guarda y se graba

Una navaja moderna no ha cambiado mucho desde el siglo XIX, y es una buena noticia. En Ippos Beard, nuestra navaja de afeitar grabada (49,99 €) conserva esa forma clásica, con un mango de madera que grabamos a mano en nuestro taller de Borgoña, en Francia. Un nombre, una fecha, una palabra: la hoja se convierte en una pieza única que entra en la larga lista de navajas que pasan de generación en generación. Es el regalo ideal para un hombre al que le gustan las cosas bonitas que duran, y encaja de forma natural con nuestros accesorios de barba personalizados. Si buscas más ideas en la misma línea, nuestra selección de regalos grabados para hombre te dará pistas.
Cómo elegir
Para una primera navaja, busca una hoja de acero de buena calidad, ni demasiado ancha ni demasiado pesada, y un mango que se sujete bien en la mano. Cuenta con un cuero de asentar para el mantenimiento diario, además de una brocha y un jabón de afeitar: sin buena espuma no hay buen afeitado. Si todavía no te sientes seguro, la maquinilla de seguridad es un paso intermedio muy agradable. Y si es para regalar, el grabado del mango convierte una buena herramienta en un recuerdo. Grabamos cada pieza a mano en nuestro taller en Francia y enviamos desde Francia.
Ver la navaja de afeitarPreguntas frecuentes
¿Por qué se llama navaja barbera?
Porque durante siglos fue la herramienta del barbero, el único que sabía afilarla y manejarla bien. En Francia la llaman coupe choux, por un sable corto de infantería del siglo XIX, y en Inglaterra cut throat. Hoy el término neutro es navaja de afeitar o navaja clásica.
¿Cuándo se inventó la navaja de afeitar?
La navaja plegable aparece en el siglo XVII y se generaliza en el XVIII, cuando el acero de crisol de Sheffield permite hojas finas y duraderas. Vive su edad de oro en el siglo XIX con el vaciado de la hoja. Sus antepasados de bronce se remontan al antiguo Egipto.
¿Una navaja de afeitar dura de verdad toda la vida?
Sí, siempre que se cuide: secarla después de cada afeitado, pasarla por el cuero antes de usarla y afilarla en piedra una o dos veces al año. Muchas navajas del siglo XIX se siguen usando hoy. Por eso una navaja grabada se hereda tan bien.
¿Navaja o maquinilla de seguridad para empezar?
La maquinilla de seguridad es más fácil: la cuchilla va guiada y el gesto se aprende en pocos días. La navaja pide más paciencia y más cuidados, pero la sensación es única. Muchos hombres empiezan con la maquinilla y pasan después a la navaja.